No se puede ser un músico trascendente sin una tradición literaria. Cada exponente del rock ha elegido la suya. Springsteen, por supuesto.
No se puede ser un músico trascendente sin una tradición literaria. Cada exponente del rock ha elegido la suya. Springsteen, por supuesto.
Horace X se creó reuniendo dentro de sí a la diversidad, esa rara avis que crece de manera silvestre y libre en el mejor asfalto citadino.
Serge Gainsbourg siempre mostró su gusto por los juegos de palabras en sus temas, los cuales resultaban polémicos, burlones y divertidos.
Delmore Schwartz, ese escritor maldito que avisaba sobre el lado oscuro de la vida e influyente protagonista para la inteligencia rockera.
Tras la historia de John Fogerty y Creedence Clearwater Revival hay otra, paralela, construida con la infamia de un personaje canallesco.
B. B. King y sus eléctricas caricias, moldeadas en la negra Gibson, ilustrará siempre las emociones con la suavidad de un hombre vulnerable.
Con bandas como Vintage Trouble y St. Paul & The Broken Bones se dan cita y refrescan momentos de la historia musical de antaño y de hogaño
Con su tercer disco, D’Angelo demuestra que maduró mucho tras catorce largos años y que eso se ha hecho notar en su nueva propuesta musical.
La fusión del jazz con el rock resultó de una frescura envolvente. Una ventana abierta a un amplio horizonte que trajo nuevos vientos.
En la segunda mitad de los sesenta los lenguajes del jazz y el rock empezaron e intercambiar ideas y, de manera contundente, a unir fuerzas.