El punk reveló rencores, temores, odios y deseos tan intensos que su aparición amenazó la legitimidad del orden social y descubrió su tiranía.
El punk reveló rencores, temores, odios y deseos tan intensos que su aparición amenazó la legitimidad del orden social y descubrió su tiranía.
En los 70, el rock surgió con otra idea: recuperar el espíritu de la música, así como la autenticidad creativa e interpretativa con el punk.
En Yugoslavia, al inicio de los setenta, algunas bandas evolucionaron desde el punk a la Novi Val: Haustor, fue un ejemplo sobresaliente.
Poesía y rock se convirtieron en una arquitectura comunitaria; un arte cuya recepción es consumida por una colectividad mundial perceptiva.
El álbum Punk Jazz (disco póstumo del 2003) proyectó a Jaco Pastorius como la modernidad encarnada que había sido de su instrumento, el bajo.
Los efectos de la explosión punk generada en el CBGB’s se multiplicaron polarizándose y dando la bienvenida a otras voces, sonidos e ideas.
Uzeda se ubica entre el espacio físico y el emocional. Una grieta en la que conviven muchos contemporáneos en estos tiempos fragmentarios.
El rock, ese género musical al que todo lo humano le es inherente, ha mantenido cerca de sí, y muy presente, lo oculto desde sus comienzos.
Pete Shelley con los Buzzcocks se tomó a sí mismo como sujeto de sus canciones para comprender las relaciones entre sus contemporáneos.
Mike Kelley planteó desde el underground una crítica al capitalismo y a su falta de escrúpulos a la hora de convertir el arte en mercancía.