Rock & Roll

65 años para empezar (II / 60’s)

POR SERGIO MONSALVO C.

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En lo musical, la década de los sesenta se inició para el rock de manera lenta e inocente. Venía de una crisis que casi le cuesta la vida, al final de los cincuenta, luego del brutal ataque al que la sometieron el gobierno y las fuerzas vivas estadounidenses. Los pioneros estaban arrinconados, encarcelados o muertos.

La industria, apoyada por las instituciones, buscó sustituirlos por gente menos peligrosa para el sistema. De ese modo llegaron los baladistas, carilindos bien peinados y vestidos (Mark Dinning, Rickie Nelson, Fabian, Pat Boone, etc.). Con una temática pop reducida a lo meloso y elemental en exceso. Sin referencias ni significados.

No obstante, con el paso del tiempo fue recobrando su luminosidad y vigor tras el incierto futuro. Con ya 10 años de existencia el rock comenzó a subdividirse y a crear subgéneros. En primera instancia surgió el pop barroco con Phil Spector como abanderado principal y con él la importancia del papel del productor.

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A su vez, los intérpretes y compositores negros le insuflaron vida con el soul (con los incendiarios conciertos de James Brown y Otis Redding) y la creación del sonido Motown, por un lado y un sinfín de estilos de baile, por el otro: el jerk, el pony, el watusi, el monkey, el mash potato, el funky chicken y sobre todo el twist, que puso a bailar, literalmente, a todo el mundo, con Hank Ballard y Chubby Checker a la cabeza.

La costa Oeste de la Unión Americana reclamó la atención con sus playas, sus bikinis, sus deportes acuáticos y el estilo de vida que rodeaba todo aquello. El soundtrack de tal escenario fue alimentado con el surf. Primero con la bobería y ligereza de Jan & Dean, en la parte soleada, y luego con Dick Dale, en la oscura. La guitarra eléctrica renovó su papel protagónico.

En el panorama urbano, se lanzó la que hasta entonces sería la canción más bonita que había producido el género: “Be My Baby”. Una inspiración genial de Phil Spector, que sería proyectada a través de uno de los girly groups más suntuosos de la novedosa corriente, las Ronnettes, debido en mucho a la magnífica e inolvidable voz de Ronnie, la cantante principal.

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A su vez, los grupos vocales masculinos fijarían una larga tradición a la que el tiempo había ido agregando elementos (góspel, spirituals, doo-wop, canción tradicional, rhythm & blues), que culminaría en esta década con representantes de la talla de, The Four Seassons, The Orlons, The Contours o Dion and The Belmonts, con “The Wanderer” como ejemplo.

Todo ello no sería más que un antecedente que desembocaría en la llegada del fenómeno musical por antonomasia, el big bang con el que en rigor empezaría la década, y también la proyección del rock como canto generacional planetario, representativo, referencial, mediático, intergenérico y un largúisimo etcétera de secuelas: la beatlemanía.

Ésta trajo aparejada consigo la presentación de la Ola Inglesa, con sus particulares experiencias y bagaje estilístico (Beat y Mercey Beat). La música anglosajona se convirtió en la tendencia dominante a partir de esta década, con intérpretes superlativos y rockeros empeñados en lograr obras maestras de tres minutos, en las que el pop y el rock convivieron en altas esferas, como con los Dave Clark Five.

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Al mismo tiempo, los guitarristas procedentes de la Gran Bretaña además de con su virtuosismo enfrentaron al público blanco estadounidense con el espejo de lo mejor de su propia música negra. Nacieron el blues-rock y los héroes y leyendas de las cuerdas (Eric Clapton, Alvin Lee, Peter Green, Jeff Beck; así como las Fender y las Gibson, entre otros) y se impuso el uso del órgano Hammond.

En lo sociopolítico el mundo también entra en convulsión durante los primeros años de esta década. En la Unión Soviética fue abatido un avión espía estadounidense «U2» y eso congela aún más la Guerra Fría. Asimismo, surge la segunda ola del feminismo en el que desde entonces hay un desajuste en la mirada, una contractura que enturbia los comportamientos, que aunque ahora cotidianos, nunca se han despojado de su faceta siniestra.

John F. Kennedy toma posesión como presidente de los Estados Unidos. Mientras la Unión Soviética inicia la carrera espacial enviando al primer hombre y mujer al espacio (Yuri Gagarin, Valentina Tereshkova). Se anuncia la construcción del muro de Berlín y se da la fallida invasión a Bahía de Cochinos, en Cuba. Los científicos Lacob y Monod elucidan los mecanismos de la regulación genética al nivel celular.

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La llamada Crisis de los misiles entre Cuba, los Estados Unidos y la Unión Soviética pone al mundo al borde de una guerra nuclear. Se realiza el primer enlace transatlántico de televisión por satélite (Telstar-1). Nelson Mandela es encarcelado en Sudáfrica víctima del apartheid y hay conmoción mundial por el fallecimiento de Marilyn Monroe.

El mundo asiste con estupor una larga cadena de asesinatos de políticos y líderes de alto nivel comenzando con Patrice Lumumba, primer ministro y tras la independencia del Congo; John F. Kennedy, su hermano Bobby, Martin Luther King y Malcolm X, en la Unión Americana, a manos de fanáticos reaccionarios y racistas.

Lyndon Johnson, el exvicepresidente que sustituyó en el cargo presidencial a Kennedy, obtiene la aprobación del Congreso estadounidense para enfrentar militarmente un problema que ha afectado a una de sus compañías petroleras en Vietnam. Con esto dan comienzo las hostilidades con aquel país asiático.

Asimismo es el inicio de una pesadilla generacional que conmociona de forma extrema a la tierra del Tío Sam, en todos los sentidos: El activismo político universitario —dormido hasta la fecha— hace sentir su rechazo al llamado a filas para los jóvenes y a la guerra imperialista. De igual manera, las minorías sociales inician la lucha por los derechos civiles de todas ellas (negros, indios, chicanos, feministas, gays, etcétera).

Como consecuencia de tal toma de conciencia surgirá el hippismo, el movimiento de los “weathermen”, el yippismo y otros ismos que se expandirán por el mundo en una diáspora cultural muy importante y de alcances indefinidos.

Todo ello había sucedido cuando la aparición de los Beatles en la Unión Americana arrasó en el Hit Parade y los convirtió en un hito. Luego de los Beatles el mundo fue otro, tanto como la música, la forma de componer, de hacer los arreglos, de producir, de grabar, de promocionarse. Los estilos se modificaron, la manera de escuchar la música cambió.

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La beatlemanía fue una fuerza centrífuga que abrió la tubería del intercambio y asimilación cultural por doquier y por ella circularon el ye-yé francés, el pop italiano, la bossa nova brasileña, el krautrock alemán, la música hindú y el free jazz y la música estadounidense de raíces, así como las nuevas creaciones, el go-go, entre ellas.

El desembarco de los Beatles en los Estados Unidos, contagió a la población adolescente. En cuestión de días, los garages y sótanos de la Unión Americana fueron ocupados por jóvenes ensayando licks rocanroleros, iluminados por las sucesivas avanzadas de la Invasión Británica que continuarán llegando: Rolling Stones, Them, The Who, Kinks… Pocos fenómenos explican más vívidamente el poder catalizador del rock como aquel florecimiento musical al que se llamó garage rock: una explosión tan ubicua como expansiva en el tiempo.

Group of young male musicians playing on messy garage

A mediados de la década, con el paso de la adolescencia a la juventud, del instinto al conocimiento dentro del rock, se dio paso también al Bob Dylan que electrificó la palabra. La poesía, irrumpió en el género para amplificar la denuncia, el disgusto, la incomodidad con un sistema; para modificar los lenguajes, los sueños y las utopías. Esto forzó a que muchos grupos lanzaran varios discos al año, con los mismos Beatles como ejemplo.

Surgieron entonces el folk rock, el country rock y los primeros resultados de la exploración lisérgica por los paraísos artificiales. El rock psicodélico emanó de la Bahía de San Francisco para hablar de viajes interiores, de aventuras mentales, de trascendencias espirituales, acompañadas de otras vibraciones, de sonoridades desconocidas provenientes del interior humano, con infinidad de exponentes.

De tal actividad brotaron flores culturales para dar fijeza a un momento histórico: el LP como objeto del arte pictórico y del concepto en lo musical, las portadas de los discos, los álbumes dobles y triples, los happenings, los conciertos colectivos, el performance, los festivales masivos, la prensa underground, el pop-art, los shows musicales de la TV,

Los iconos de una nueva cultura, como Jimi Hendrix (quizá el mejor guitarrista de la historia), los clubes de rock, la ruptura del papel de habitual de la mujer en la música popular, el movimiento ecologista, las radios piratas o las boy bands con referentes dignos como los Walker Brothers.

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Hubo todo un nuevo movimiento musical, quizá el más trascendente y de gran repercusión social y cultural con el art-rock, alternativo e indie, el rock progresivo, el rock sinfónico, el jazz-rock, la rock-ópera y el hard rock como referentes. Al igual que las exploraciones electrónicas y las mitomanías exacerbadas en el exterior y en lo subterráneo. El uso del estudio de grabación como un instrumento más (experimentando con prácticamente toda la tecnología existente, e incluso provocando la invención de alguna nueva) creó una riquísima amalgama.

Los años sesenta abordaron lo musical como protagonista, pero en el fondo insistieron en lo sociológico. Puede considerarse la década de las ideologías. Del hedonismo al activismo, de la secularización a la píldora anticonceptiva, de la cultura de masas al afán por la juventud eterna y mucho de lo que nos caracteriza hoy hunde sus raíces en las batallas libradas en aquella década. Es la crónica de una generación que se encontró con un mundo en llamas y decidió ser sujeto activo de la Historia, con mayúscula.

Hubo movimientos de protesta contra el imperialismo yanqui (por la guerra de Vietnam); contra el imperialismo soviético (por la invasión de sus tropas en Checoslovaquía, en la Primavera de Praga); en mayo del 68 contra el orden establecido, durante las revueltas estudiantiles y sindicales que se iniciaron en Francia y se extendieron rápidamente por otros países. Los efectos socioculturales de estos movimientos aún se sienten actualmente.

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Con el Festival de Woodstock, realizado en Nueva York en 1969, y considerada la reunión rockera más importante, esa progenie del «peace and love» vivió su momento ideal, su punto álgido, con la mayoría de sus dioses en el escenario, pero a la vez marcó el inicio del fin, que ocurrió meses más tarde con el concierto gratuito que The Rolling Stones ofrecieron en Altamont, California. Los Hell’s Angels y, antes, Charles Manson y Familia aportaron la parte oscura a aquel festín sesentero. La utopía hizo fade-out.

Dicha utopía sí, pero el rock continuó con su larga marcha hacia las decenas de horizontes descubiertos. Al llegar el final de la década se produjo un estremecimiento general, se dio otro cambio en el sonido gracias a los estallidos del heavy metal.

La injerencia de tal cúmulo de hechos, pero sobre todo, la conquista de un arrebato generalizado y contagioso hizo patente el hecho de que la inmensidad de aquello había sido una revolución, en toda la extensión de la palabra, protagonizada por toda una generación a nivel internacional.

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