Intuitivamente, de la evolución y de la innovación echó mano el género rockero para enfrentar el fin de un ciclo y el comienzo de otro.
Intuitivamente, de la evolución y de la innovación echó mano el género rockero para enfrentar el fin de un ciclo y el comienzo de otro.
En el año 1970 se cimentaban en la Gran Bretaña tres tótems del rock, tres grupos que delimitarían las bases para los nuevos subgéneros.
El de Sharon Jones fue un soul vital y envolvente, apoyado por característicos alientos y arropado por arreglos ampulosos y distintivos.
Bajo el volcán, de Malcolm Lowry, es una novela dolorosa y apasionante. En ella la tragedia se hace ejemplo, para después tornarse en mito.
Al principio Blues Project tocaba para un público compuesto por outsiders, marginales y asiduos a clubes llamados Café Au Go Go o Matrix.
Con el rock and roll, la jukebox tuvo su pináculo, pues esa «música selvática» fue vetada, al inicio, por casi todas las emisoras de radio.
Cada canción importante es poliédrica y cuenta con infinidad de historias en su haber, como “Susie Q”. De eso trata el canon de un género.
Rod Stewart reconoció y aprovechó su lugar en el mercado, al ubicar su estilo entre la balada sentimental y un dinámico rhythm and blues.
Ironía, humorismo y sátira. Las tres fueron posturas clave en la obra de Julio Torri, uno de los escritores mexicanos más finos y delicados.
Las andanzas de los Freak Brothers se han traducido a 25 idiomas. Su lectura, eco del underground, los ha lanzado a niveles internacionales.