El rock sureño aporta con su corriente musical, plena de grupos y relatos, una cosmogonía propia a la vastedad de un género inconmensurable.
El rock sureño aporta con su corriente musical, plena de grupos y relatos, una cosmogonía propia a la vastedad de un género inconmensurable.
Saori Yuki, relevante intérprete del popular género musical nipón conocido como enka, es una exponente exquisita dentro de tal corriente.
Hace un siglo, sin que importara su origen, el jazz ya era un arte y una consumada creación de los músicos negros que impregnaba la cultura.
Los Young Fathers dicen en su hip hop ultramezclado que lo esencial “es que el racismo sea lo que debamos expulsar de nuestras sociedades”.
El rock de garage es una ciencia musical y sus constantes originales lo legitiman. Las que aportaron The Sonics se mantienen incólumes.
Los bardos siguen existiendo. Y algunos insisten en retratar y relatar historias, vivencias y leyendas para la comprensión del mundo.
El álbum de los Rolling Stones, Blue & Lonesome, es un manifiesto bluesero, una enorme sorpresa no sólo anecdótica, sino musical y cultural.
¿Cómo es posible que un gobierno en proceso de llevar a su población al abismo se adjudique derechos sobre el resto del mundo?: Frank Zappa.
El de 1967 fue el año en que el mundo se comunicó globalmente por primera vez vía satélite, y proclamó que todo lo que se necesita es amor.
Murakami, con el libro Tokio Blues, aprovecha la rememoranza que provoca una canción para asomarse a las grietas del espíritu humano joven.