785. El Rock y los Bárbaros: El acto de reflexionar (Libros Canónicos 55)

Por Sergio Monsalvo C.

El arte auténtico es reflejo de lo social. La demanda por la verdad puede hacerse de múltiples modos. La literatura y la música son dos de ellos. La denuncia de la tiranía, de la injusticia, del abuso de poder, de la segregación o de la desigualdad puede hacerse vía la crítica académica, con las herramientas de la filosofía política o de la historia, de la sociología o de la ciencia política.

En la música, se hace a través del compromiso, las composiciones y la exposición. Asimismo, esta denuncia también puede hacerse de forma contundente y directa con metáforas y narraciones literarias, poniendo al lector de frente y sin escape a las problemáticas sociales que exigen una respuesta.

La demanda por la verdad sobre todo aquello puede hacerse de múltiples modos. Tal es el caso de las novelas del autor sudafricano J. M. Coetzee, cuya literatura nos lleva a un crudo examen de nuestro mundo desigual, ventajoso sólo para unos cuantos, lastrado de violencia (financiera, militar, social) y abusos de poder.

Verdaderas reflexiones son las situaciones límite a las que invita en sus narraciones sobre el sentido de la libertad en un mundo en donde impera la imposición, así como sobre el cuestionamiento de nuestra mirada de frente a otros grupos culturales que han sido tragados por un sistema de capitalismo salvaje, el propio del neocolonialismo y la ley del imperio que se defiende como única y absoluta.

Este autor nació en Cape Town, Sudáfrica, el 9 de febrero de 1940. Ha sido profesor y traductor, ensayista y novelista reconocido en todo el mundo, ganó el Premio Nobel en el 2003. Tierras en penumbra, su primer libro, fue publicado en 1974. Con su segunda novela En el corazón del país, 1977 ganó el premio CNA, el premio sudafricano más importante durante aquella época. Posteriormente escribió Esperando a los bárbaros, 1980, título que llamó la atención a nivel internacional, por su denuncias al respecto de todo aquello.

La demanda por la verdad en la obra de Coetzee, que se con entreteje con el crudo estilo que utiliza en novelas como Esperando a los Bárbaros, no se opone a la reflexión crítica moral y política que le interesa poner en juego.

En dicha obra la palabra convence, la densidad del estilo arrastra. Para decirlo con una metáfora más: la fuerza de la literatura consiste en abrir una verdad con la brutalidad del estilo que no deja escapatoria, se trata de una fuerza en bruto que sin ambages golpea al lector y, para repetir la conocida fórmula de Sartre, lo “pone en situación de compromiso” de inmediato, esto es, pone al lector en una perspectiva de verdad que lo obliga a adquirir una perspectiva moral respecto a la situación dada, o al menos a cuestionarse si habrá de ponerse en tal perspectiva moral.

Manteniéndose en la superficie de las cosas humanas, describe con minuciosidad los eventos contingentes, en marcos siempre sociales. Esperando a los bárbaros es un gran ejemplo de ello: exponer la verdad. Los rockeros lo han hecho en la música.

Creo que la atracción por leer notas biográficas de los músicos importantes que admiramos es para comprobar la íntima relación entre su vida y su obra, coherencia cortada por un mismo patrón existencial en el que jamás se enhebra a través de anécdotas simplonas o chismes de las redes.

En dicho patrón caben las incidencias que los personajes mantienen con la cotidianeidad social que les ha tocado vivir, sus enfrentamientos con el gobierno, el poder o la ética y estéticas imperantes. Y regularmente salen bien librados, porque son tipos de una sola pieza.

Cualquiera de ellos con tales actos muestra y habla sobre lo que le preocupa, y con ello su obra se hace extensiva también al resto de los mortales. Si no, ¿para qué iban a ser escuchados? Vayan algunos nombres: John Fogerty, Neil Young, Bob Dylan, Patti Smith, Lou Reed, Tom Waits, Bruce Springsteen…

En estos tiempos de simulación a rajatabla, el hecho de que nombres legendarios expongan sus mitos en aras de la coherencia es algo que se agradece ante tanta conducta cínica. El asunto viene a colación por algo que literalmente afecta a todo el mundo: la presidencia de Donald Trump y los usos y abusos que hace del lenguaje, del nacionalismo, de la xenofobia, de la economía, del militarismo, de la oligarquía, de los amagues de matonismo, de los medios y hasta de la música (Village People y otros contingentes esbirros) como instrumentos de coacción y amedrentamiento sociopolítico a nivel nacional y global.

Ello forma parte del ideario que define a la derecha religiosa fundamentalista que ha campeado por el mundo en los últimos y que afirma que cumple con una “tarea de Dios”. Con las fuerzas castrenses, las finanzas y el comercio para respaldarlo en semejante entramado.

La ONU, el Tribunal Europeo para los Derechos Humanos, Amnistía Internacional, diversas ONG y hasta la misma Suprema Corte de Justicia estadounidense están en su mira e igual todos aquellos que se opongan a los abusos del poder y a los tratos recibidos por los tecnócratas y multimillonarios que hacen corte.

Por otro lado, baluartes de toda la vida en la música se comprometen contra ello y contra el gobierno que fomenta la guerra, la desigualdad, el nacionalismo, y los abusos de toda índole. Revival, el álbum de John Fogerty, muestra su activismo social y sus andanzas por la Unión Americana tocando materiales acordes con los tiempos.

Dicho disco de estudio fue lanzado en el 2007 en todo el mundo, al mismo tiempo que el Magic de Bruce Springsteen, como parte de una campaña antimilitarista conjunta.

Esa es la imagen que proyecta Fogerty, hablando de la realidad que le había tocado vivir y tomando una postura abierta y sin dobleces (al igual que otros ya mencionados) frente al público masivo y ante un país que no se decide a modificar las cosas. El aguerrido guitarrista y compositor cantando (hoy, a los 80 años de edad) como en sus mejores días, con el rock más puro, el swamp más escanciado, sobre las cosas por las que hay que luchar, asunto de lo que sabe mucho y por lo que ha padecido mucho más.

Revival –con “Long Dark Night”, “Creedence Song”, “Summer of Love”, “Gunslinger” o la mencionada “I Can’t Take It No More”– es una muestra que permite apreciar no sólo la solidez argumental que ha sostenido su obra a lo largo de los años (con un catálogo de canciones que se ha convertido en un venero de inspiración para generaciones de músicos), sino también el modo en el que ha ido incorporando nuevos materiales a su catálogo, al mismo tiempo que desarrolla actitudes que lo han llevado a profundizar en su lectura social del entorno. Cero cinismo, sólo observación y compromiso.

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