769. 75 años en la historia del rock (I)

Por Sergio Monsalvo C.

Los 75 años del rock ofrecen un recorrido por la evolución del género a través de sus particularidades y de los genios y demonios que las han sublimado y atormentado en las mentes de sus grandes figuras. La recopilación de nombres en esta cultura demuestra que incluso en la era de la razón (que así se ha llamado a la nuestra), la ciencia del rock ha estado acompañada por sus propias distinciones y fantasmas intelectuales (generalmente innombrados, pasados por alto, desconocidos por ignorancia supina), lo cual reivindica la importancia de la historiografía para comprender la hechura de los grandes hitos y mitos de dicho conocimiento. Hay muchos opinadores, pero pocos historiadores de tal ciencia.

El rock & roll auténtico posee dos características fundamentales en su razón de ser: la intuición y la actitud. La primera busca la libertad (física, mental, identitaria); la segunda, la manera y el ánimo para conseguirla y vivirla.

En su lírica ambas han estado desde el comienzo en sus letras, en sus cantos y en la vibrante electricidad trasmitida a través de sus instrumentos primordiales (guitarras, bajo y batería). Son tales sus características a las que les ha agregado lo que encuentra para enriquecerlas. Así ha sido desde el comienzo del tiempo: hace 75 años.

Vayamos por partes. “Actitud” es una palabra que proviene del latín “Actitudo”. Se le define como una capacidad propia del ser humano, con la cual enfrenta al mundo y a las circunstancias que se le pueden presentar en la vida. La actitud de una persona frente a la realidad y sus vericuetos señala la diferencia con respecto a su carácter individual. Lo mismo se puede decir de una colectividad cuando lo hace, cuando la ejecuta en representación del objeto de su unión.

La actitud en la comunidad rockera, después de tres cuartos de siglo de ser una referencia tanto estética como cultural y musical, mantiene intacta su capacidad de respuesta, de sus formas y de su estilo. Es su marca genérica. Más allá del fenómeno netamente sonoro, el concepto todo es la consecuencia de mantener el propio camino, el de los fundamentos por encima de las modas; la fidelidad a las esencias y a los principios. Es la manera de enfrentar los cambios y las veleidades y sostener la rebeldía primaria, la capacidad de incomodar.

En su andanza hay la independencia y sus alternativas y también, por qué no, algo de arrogancia. Ello ayuda a estar por encima de conveniencias corporativas, industriales y sus formalidades y, por supuesto, alimentado con una fuerte carga literaria, poética, de marginalidad, de juventud datada en emociones, de puro romanticismo. Porque de esa fuente bebió en el principio y de esa fuente sigue bebiendo y refrescando su sangre y oxigenando su espíritu. La cantidad de subgéneros que ha producido su historia es consecuencia de todo ello, y dentro ha generado sus leyendas y mitos.

Una historia sin mitos termina siendo una simple cronología. La historia del rock son sus mitos. Y ellos incentivan la memoria para comprender quiénes son sus forjadores, y para glorificar a quienes fueron para ser, ahora.

El rock y su mitología son profundamente románticos. Le otorgan el mayor mérito a toda desmesura y a las explosiones del genio individual, sobre todo a aquello que refleje el barullo mental y emocional que se transpira siendo de naturaleza airada y víctima circunstancial del mundo circundante.

Y su constante es la necesidad del descubrimiento, de lo dinámico y de lo evolutivo (la intuición). El papel que sus intérpretes y seguidores le asignan a la música se acerca mucho al de una religión, por cuanto tiene la misión de hacer visible la intuición absoluta y su revelación no acepta más que la libertad creativa absoluta también.

Y ambas cosas (actitud e intuición) se fundirán en última instancia y serán el ente genérico mismo. Es lo que también se denominará “iconicidad”: el valor de las palabras residirá en el significado y en todo aquello que no es semántico: el sonido, los acentos, el tono. Pero igualmente portará el aspecto visual de sus intérpretes, su personalidad, su halo y su historia.

En sus interpretaciones habrá vocalización, lenguaje, pero también lo que no lo es. El o la cantante deberá convertir eso que es poesía en un nuevo contexto, el suyo particular, marcado, también por la instancia de dos escenarios; el del estudio, en el que grabará la canción, y el escenario en vivo, cuando lo interprete frente a un público fervoroso, y con una lengua común: el rock.

Eso es una buena dosis del movimiento doble, que sugería Harold Bloom, así como de carga emocional. Elementos que cuando es interpretada cada canción por sus autores o por otros músicos, provocará un punto de encuentro en el que las palabras se eleven a himno comunitario.

La propuesta estética apunta que la música que trasciende es el resultado de tal movimiento doble, en el sentido de que habilita un encuentro (de personas y el tiempo) como punto de partida para una acción recreativa, que tendrá consecuencias expansivas, en tanto acto positivo, que se difundirá lo mismo entre coetáneos como a futuro.

Si “el rock and roll llegó para quedarse y no morirá jamás”, como cantaron Danny Rapp y los Juniors en 1959, deseosos de crear algo parecido a un llamado a cerrar filas, a un himno para la primera generación, y aunque no se erigiera en tal himno, a esa canción (“Rock & Roll Is Here To Stay”), dentro de su candidez, se le puede denominar como una verdadera declaración de fe, producto de una era caracterizada en igual medida tanto por su inocencia como por su ardor.

75 años después de ello, de su nacimiento, como dijera Bruce Springsteen –The Boss, el abanderado– al respecto: “El rock and roll nunca fue ni ha sido un hobby, sino una fuerte y potente razón para vivir, en todas las épocas”. En Springsteen, como en las personas que moldean la postura de un conglomerado, como adalides que son, es sabido que la música escuchada de niño, de adolescente, influye en sus motivaciones personales. Los rockeros (músicos y escuchas) han crecido con una cultura determinada por la socialización del rock, en ella se ha fundamentado su accionar artístico y la actitud con la que enfrenta al mundo.

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