661. 1973 (Obras que cumplen 50)

Por Sergio Monsalvo C.

Hay discos que jamás dejan de llamar la atención. ¿Por qué? Porque son clásicos. Pero ¿qué es lo que los convierte en clásicos? En el mundo grecolatino, durante la época de Sófocles, el término “clásico” se utilizó para designar a las personalidades de primera clase, es decir, a los miembros más sobresalientes de la cultura.

En el campo que nos convoca, la música, el rock fundamentalmente, posee por supuesto su material clásico, y éste en primera instancia no es lo incomprensible, sino lo misterioso disfrutable.

Es aquello con lo que se puede deleitar (individual o colectivamente) toda la vida; lo que continúa conmoviendo y sorprendiendo; es aquello que es imposible hacer mejor (en su momento y circunstancia).

En el arte, cualquier arte, lo clásico resulta fascinante porque contiene un secreto, tanto para sí mismo como para quien lo contempla o escucha, y se mantiene vivo porque dicha fascinación prodigiosa envuelve siempre, sin faltar, y esa poética se verá legitimada constantemente por sus principales avales: valor y tiempo.

NEW YORK DOLLS

NEW YORK DOLLS

A quienes crecieron escuchando a T. Rex, David Bowie, Lou Reed y compañía, les llegó el turno de tomar las guitarras y con la provocación aprendida de MC5, la cadena prosiguió en los setenta con el punk glam de The New York Dolls. Su estilo musical de costura gruesa y descuidada pero saturado de energía marcó la ruta para muchos grupos de rock posteriores y apadrinaron lo que vendría después: el punk.

Su disco debut homónimo salió al mercado en 1973. Canciones como “Personality Crisis”, “Trash”, Bad Girl” o “Jet Boy”, estaban hechas para sonar lo más sucio posible. La crítica los trató como producto original. Su sagaz hard rock, elucubrado como una celebración entre el camp y el kitsch cautivó por su actitud amenazadora y malévola, pero no hubo repercusión comercial.

HOUSES OF THE HOLY

LED ZEPPELIN

Después de cuatro álbumes excelsos, el Zeppelin optó por satisfacer sus propias demandas, sus gustos del momento. Y lo hizo sin ver el espejo retrovisor y sin ningún cartabón que los atara (compañía discográfica, crítica o seguidores) que le impidiera hacerlo. El resultado fue un gran divertimento.

El dicho fresco zeppeliniano, que mezcló estilos e ideas, hubo el bendito rock and roll, pero también funk e incluso reggae. Entre ello destacaron “The Rain Song”, “No Quarter” y “The Song Remains the Same”, obras que el tiempo cocería aparte. Hubo derroche de sofisticación y un intrincado uso de las guitarras. Tamaño manierismo tuvo su representación en el tema “Dancing Days”, en el sensacional “The Ocean”, duro, irónico, propositivo, así como la destacable “Over the Hills and Far Away”, con su mezcla genérica. Muy buen disco, opacado por la sombra del anterior: IV (la opus magna).

 

DARK SIDE OF THE MOON

(PINK FLOYD)

Cuando el álbum The Dark Side of the Moon se publicó en 1973 la banda adquirió entonces el reconocimiento global. Es uno de esos álbumes que consigue capturar y, a la vez, enunciar el espíritu de un tiempo. El extraño álbum ideado por Roger Waters fue un punto de inflexión para el grupo, tanto creativo como de popularidad, y un hito en la historia de la música.

Será en Dark side of the moon donde la personalidad de Waters empiece a impregnar el sonido del grupo con matices que antes no existían o que aparecían demasiado diluidos en el conjunto. El escucha es invitado a reflexionar sobre la grandeza del artefacto frente a la mítica portada de la pirámide y el prisma de luz, diseñada por la compañía Hipgnosis y George Hardie. En la actualidad, según se informa, sigue vendiendo 7.000 copias cada semana y se ha convertido en uno de los más vendidos de la historia con una estimación de alrededor de 50 millones de copias.

ALADDIN SANE

DAVID BOWIE

El nombre lo especifica todo: David Bowie. El disco Aladdin Sane, otro golpe de cincel para su efigie. Hay hombres que sin esfuerzo, mediante su voz y su palabra, con su prestancia, sus obras y sus gestos se imponen como ejemplares ante los demás. Los demás los contemplamos y les admiramos sin envidiarlos porque su condición es incuestionablemente superior. Y, además, benéfica.

La condición de ejemplaridad, de singularidad y excelencia se halla casi por todas partes en tal disco. Se puede disfrutar de ese don que se encuentra en los seres que irradian una luz tan insólita que de inmediato deseamos ser incluidos en su resplandor. Escuchar un disco suyo lo logra, en alguna dosis.

BERLIN

LOU REED

Con Transformer y el tema “Walk on the Wild Side”, Lou Reed había resultado arrollador. Sin embargo, como artista que era se negó a permanecer en tal nicho conseguido, y en el que se pudo quedar a perpetuidad. Siguió adelante, con su propia visión, su propio camino, y haciéndolo bien. Enriqueciendo con dicha mirada el mundo de la música.

Berlin es un disco que cuenta una historia: la relación tóxica de una pareja que se enfrenta con el sufrimiento y la muerte. Reed casi siempre describió realidades, en las letras de este álbum hay muchas similitudes con la destrucción de su propio matrimonio, que se estaba produciendo justo cuando escribía las letras. Es una obra que ofrece una narración sombría, con un trabajo intrincado, duro e intenso, cuyo reconocimiento tuvo que esperar muchos años para erigirse en un título clásico y de gran calado.

RAW POWER

IGGY AND THE STOOGES

En 1970 los primeros Stooges se separaron e Iggy se retiró a curarse la adicción a la heroína.  Al salir de la clínica conoce a David Bowie en la zona tras bambalinas del club «Max’s Kansas City» de Nueva York.  El primer trabajo en conjunto se llamó Raw Power, corría 1973.  Ese L.P. que marcaría nuevos hitos.  Sería un trabajo pionero en el punk y de enorme influencia en los subgéneros sucesivos (Sex Pistols, Nirvana, Guns N’ Roses…) Raw Power escuchado hoy todavía suena poderoso, fuerte y amedrentador.

El grupo estuvo integrado otra vez con los hermanos Asheton en el bajo y la batería, respectivamente; con James Williamson en las guitarras y la composición; Iggy (quien desde este momento agregó el «Pop» a su nombre) como compositor y cantante; y David Bowie en el trabajo de la producción.  Una obra brutal, de instrumentación extrema y sadismo sonoro por su volumen y distorsión.

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