Por SERGIO MONSALVO C.

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Hacer la versión de un tema clásico es un reto para el cantante que se atreva. Volver a contar el reencuentro de una pareja que ha mantenido una relación tormentosa de amor, interrumpida, cortada, reanudada e inmadura como todas las historias de amor, necesita de algo más que la intención o la voluntad.

Requiere de experiencia vital, de implicarse con el texto y con la música; de imaginar como lo haría un actor para trasmitir la emoción inherente. Y, además de ello, adaptarlo al propio estilo para no perder personalidad ni identidad. Por eso un cóver, una versión, exige más que un simple trasvase mecánico de un recipiente a otro: requiere necesariamente la reescritura del tema, que es sólo una parte de sí mismo, de su espacio vital, para darle una nueva forma. Esto es lo que hacen los buenos intérpretes.

Sólo así será la versión del aquí y ahora que quedará registrada para siempre. Desde entonces con esa canción se hará manifiesta la presencia física del  músico, del cantante, a través de su cuerpo, de su voz, del instrumento que encarnó literalmente. De la época que representó. La pasión que derrochó creó su particular mundo imaginario y simbólico y finalmente éste permanecerá o no únicamente si la apropiación fue consumada.

En un título como “I’m a Fool to Want You” todo ello es manifiesto y es casi como si detrás de todo hubiera el aliento de un narrador con voluntad de pensar sobre las decisiones y los impulsos antes de que todo quede sembrado de decepción, vida agónica, sombras del recuerdo de lo que fue y no fue, o casi fue, sin ser.

Pieza semejante representa a esas canciones que deslizan el oído hacia su narración y alcanzan, sin preámbulos, el único estado  desde el que pueden ser dichas las cosas verdaderamente importantes: sin falsa retórica, sin ensamblaje cursi en la construcción del sentimiento, sin clarines de aviso. El protagonista del tema habita tal estado porque ni espera algo ni tiene ya nada que perder…

BILLIE HOLIDAY

En su canto hubo el esfuerzo y los rastros del que sobrevive, del experimentado lleno de cicatrices que no se ufana de ellas ni las ostenta, pero que sabe son suyas y le pertenecen. Por lo tanto cuando la escuchas crees en la esencia de lo que glosa, en su legitimidad y tienes el convencimiento de que las palabras son recovecos de la propia vivencia trastocados en canción.

La existencia no tiene remedio, parece decir, pero la afirmación no es una sentencia trágica o resignada. En su oficio significó también el rescate de una llave verbal que abriría los instantes vividos de cualquiera que la oyera en el futuro. Esta melodía llega desde entonces como un evocador sentimiento presente, eterno, que procede a redescubrir el riesgo de amar sin red protectora. Emite su misterio y lo desmenusa.

FRANK SINATRA

En el alba de una nueva era

Old Bull dividió a la gente/

en los que son hijos de puta/

y los que no.

Frank, ¿cuál era tu bando?/

Rat Pack?

The Mob?

¿Servir de celestina a los poderosos?

¿Maltratar por aquí?

¿Hacer maldades por allá?

Entonces llegó Ava, ¿verdad?

Como llegó el tiempo en que tus discos/

se quedaran en el estante/

lo melifluo ya no se llevaba

como tampoco el antiguo beat

como tu relación con el más bello

animal del mundo.

Debías de cambiar/

ser más temperamental/

olvidarte de circunloquios/

mostrar el ardor, como Billie

El amargor y sus cadencias/

los tempos del corazón roto

El fracaso siempre posee un punto

de exageración/

pero a tu fraseo y romance

se les acababa la paciencia/

Tenías que modificar tu lenguaje/

tu balada/

para sostener la tensión/

para ser artista.

Necesitaste tiempo

pero ocurrió la canción/

tu pena propuso la sinceridad/

como una cierta compañía.

Lo conveniente perdió

la batalla

frente a lo emocionante.

A nadie le gusta imaginar

la pérdida/

y tú lo hacías

Pensaste en los besos

que no le darías/

en los que con otros ella compartía/

en el cuerpo que hasta el Diablo conocía.

Pero el adiós no era opción

por más que te esforzaras/

porque sólo quedarían escombros de ti/

crueles y despiadados.

Por eso le imploraste amor y abrazos

Sabías que estaba mal

pero eran días de ir a la deriva

con pesadumbre y sin milagros.

Sabías que Old Bull tuvo razón contigo/

y que tenías que volver a ella/

una y otra vez, como un tonto,

sin remedio.

DINAH WASHINGTON

Optar fue el verbo

cantar o no

refugio o calle

afanar o venderse

La vida le dio una nube

con la cual pulir los escalones

bajos y sucios y el anhelo de la voz

Se topó de frente con la brutalidad

de putas y oropel

esas que adornan a sus hombres

en las mesas de aquel bar

Cansadas y sin el atractivo

que la noche ha borrado

ofrecen el dinero obtenido

que se cuenta billete a billete

mientras se miran orgullosas

y requeridas

ellos apuestan lo ganado

en lides agrias

ellas son enviadas sin tiento

a camas vacías

entre mentiras y preguntas

Dinah optó entre imitar

o la mirada

dialogó con los ojos de muchas

y al llegar el momento cantó

con finura por aquellas derrotadas

BOB DYLAN

Al escucharla se descubre un ejemplo contumaz del modo en que un folk singer, evolucionado en rockero, puede otorgar tamaña intensidad a una pieza de crooner.

Marcada por el examen, el lento cavilar, la duda y el arrogamiento, aquél la fragua con una afirmación despiadada: «I’m a Fool to Want You». Es la evidencia del yo desencantado, una frase dolorosa.

El intérprete añoso y experimentado se confiesa algo sombrío a sí mismo e incluso la luz que lo rodea en el momento de decirlo parece hosca. Dentro del marco de la pieza no hace falta hablar más. Después de la última discusión lo único que resta es intercambiar acusaciones, piensa. Y luego de  eso ¿qué?, ¿el perdón?, ¿el olvido?

Quien canta pasea su mirada a lo largo de un cuello descubierto. La piel se ve suave. Detrás, una cortina de cabello castaño y sedoso. La música inunda las palabras al verterse a través de la malla de una voz rota. Esto es lo que hace ahora, sincerarse en cómo se siente cuando la convicción se vuelve un poco más grande que el deseo. Ya nada parece suficiente.

Sabemos del agotamiento y del momento embotado de quien canta eso, del  que ha pasado por un largo altercado. Está paralizado, incapaz de hacer nada, aunque sus pensamientos lo atropellen. La certeza ha aumentado el significado de la revelación. Es una certitud obsesiva, pero la naturaleza de ese significado parece rebasar el entendimiento. Un rostro con una sonrisa encantadora, algo desdeñosa, le devuelve la mirada. Las paredes de la mente retumban para luego dar paso al silencio.

DEE DEE BRIDGEWATER

Preferiría no hacerlo

pensó al oír la propuesta

No. Había escuchado demasiadas vidas

de pobreza, de sufrimiento. No.

No se acercaría al blues

no era lo suyo

era otra cosa

la tradición vocal

de las cantantes que incendiaban

con su voz, con su vida,

con su experiencia,

el corazón de las baladas

las emotivas, las serias, las fulminantes.

La audacia interpretativa

eso era lo suyo

tenía la onza

el canto distinto

el que consentía al oído

cuando la tensión era demasiada

Aprendió del teatro, de todas las músicas

Exploró y descubrió en algún momento

tal balada

Aprendió a vivir con la melodía

luego con la lírica

se lo debía al compositor

Y quiso consolar a La Voz

Usó su estilo suntuoso y pulido

para indagar en la herida abierta

sin que sangrara, con finura

como la gran diva que era

CHET BAKER

Su salvación, sabe /

depende de esos instantes de revelación /

de esos flashes de lucidez fulminante /

de esa improvisada anamnesia

de lo inon top /

La real investidura del sobresentido /

sin alegorías /

con data precisa del sentimiento /

sólo valor racional

y clarividencia /

En solitaria vigilia /

contra la locura y el fin

que recorren la vida en ese tiempo /

como una jam after hours

frente a la barbarie del desamor

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