780. Mis rockeros muertos (2025)

Por Sergio Monsalvo C.

Este año hubo otra de esas rachas terribles. Rachas de muertes musicales,  complicadas por alguna confabulación que, decide “cargarse” a algunos. No hace falta inventar etiquetas como la del Club de los 27: los rockeros fallecen ahora por puro desgaste biológico o por alguna enfermedad traicionera.

Es verdad, las dudas son breves: en esas circunstancias, el tiempo se acelera. Uno reacciona rápidamente ante la defunción de rockeros que le proporcionaron un placer directo, cuantificable. Se puede incluso aceptar un asterisco cuando desaparecen talentos dudosos que —sin embargo— funcionaron como argamasa de alguna aventura generacional.

“A la hora de hablar de la muerte, la sonrisa y el llanto son casi lo mismo”, dijo en una oportunidad el escritor estadounidense Sherman Alexie, sin embargo, con las muertes de estos músicos todavía frescas en la memoria, aunadas a las crisis globales (humanas y naturales) nadie parece tener razones para sonreír, y menos para recordar, excepto por el hecho de que, como escribió el poeta estadounidense Randall Jarrell: “el modo en que perdemos la vida es parte de nuestra vida”, sea uno de los más importantes.

Aquí, uno se pregunta cómo se negocia con la finitud, qué es una buena muerte y qué quedará de los rockeros cuando se hayan ido.

La exhibición personal de la respuesta a tal pregunta será multimedia y prácticamente ecuménica en nuestra mente. Discos, fotos, videos, películas, conciertos…todo ello entrará en el buzón de la remembranza y será elección particular el orden en que aquello se desarrolle, se deseche o continúe vigente, aunque congelado en el tiempo.

En momentos semejantes, tras un fallecimiento, es mejor poner de manifiesto que, pese a su reputación de “gran ecualizadora”, según la cual todos somos iguales ante ella, la muerte es susceptible de muchísimas y muy diferentes interpretaciones: para algunos es la oportunidad de no olvidar la mortalidad; o de evaluar el concepto de inmortalidad; de invocar la rueda del tiempo y de las reencarnaciones que ese músico o su estilo tendrán en el futuro. Para otros, será “la última frontera” de las acciones artísticas.

Sin embargo, lo que realmente sorprende es el gran número de semejanzas en lo que hace al modo en que las personas quedan cuando mueren, según el relato de quienes los evoquen o recuerden.

GARTH HUDSON

(THE BAND)

El músico canadiense Garth Hudson fue el más longevo de los miembros que integraron una de las formaciones más trascendentales en la historia del rock, The Band. Hudson era el más discreto de aquellos cinco músicos, sobre todo porque se explayaba poco en las labores de composición y apenas se desenvolvió como solista una vez que el quinteto se disolvió.

Pero el sonido de su órgano es consustancial a la historia de la banda, cuyos integrantes siempre le tuvieron como el hombre de más sólida formación musical de los cinco. En plena efervescencia creativa de los sesenta, cuando el órgano Hammond B-3 era el referente sonoro para el rock, Hudson se decantó por el modelo Lowrey y además despuntó como acordeonista y saxofonista. Fue el último de ellos en partir a los 87 años.

BARRY GOLDBERG

(ELECTRIC FLAG)

La aparición de la banda Electric Flag, en la segunda mitad de los años sesenta anunció muchos desarrollos posteriores del blues-rock, como el de la fusión, por ejemplo. Un progresismo firmemente cimentado en las vertientes musicales negras. Mike Bloomfield, en 1967 fundó al grupo, que contó entre sus miembros a Harvey Brooks, Nick El Griego, Buddy Miles y Barry Goldberg (fallecido el 22 de enero del 2025), entre otros.

La tendencia de la banda se inclinó un poco hacia el jazz e inició con ello la corriente de fusión (el jazz-rock experimental) que posteriormente se reafirmaría con otros grupos. La llamada fusión era en aquella época una combinación de jazz con el rock y/o el funk/soul, aunque a veces también con músicas extraradio (hasta los años ochenta se le denominó jazz-rock).

MARIANNE FAITHFULL

(MUSA, CANTANTE Y ACTRIZ)

Hay muchos músicos y cantantes a los que se admira. Pero sólo unos pocos despiertan emoción intensa, una inyección de vida (a pesar de haber sufrido lo indecible), expresan sentimientos épicos y/o doloridos cuando cantan, porque sus piezas las han sentido en la piel y en el alma. Con Marianne Faithfull ocurre. Fue una artista turbia, guapa, sensual, conmovedora superviviente de adicciones, locura y épocas desastrosas, musa del tándem Jagger/Richards. Con el tema proporcionado por ellos, “As Tears Go By”, tocó el corazón de muchos, con su voz, con su música, con su presencia.

Con su estilo, transmitía un infinito sentimiento. Su travesía musical sirvió de consuelo y de plenitud. El que proporciona la belleza, la seducción, el sufrimiento trasmitido con arte. Existen dos discos suyos que lo expresan todo: Broken English y Blazing Away. Murió el 30 de enero.

MIKE RUTLEDGE

(SOFT MACHINE)

Fue todo un desafío lo que sucedió entre las décadas de los sesenta y setenta en el condado de Kent (Reino Unido). De las estrechas fronteras de la ciudad de Canterbury salieron más bandas de rock de las que razonablemente corresponderían a un lugar aburrido de la campiña inglesa. De Caravan a Camel; de Gong a Soft Machine, aquellos grupos definirían una época entre el rock, la psicodelia y el jazz.

Mike Rutledge, flautista y tecladista extraordinario y heraldo de la vanguardia, muerto en Kent el 5 de febrero a los 81 años, pasará a la historia por haberse situado en el centro de aquella explosión creativa con Soft Machine. Rutledge estudió en el mismo colegio que Robert Wyatt y Daevid Allen, miembros del prestigiado grupo. Soft Machine, fue una influyente banda de jazz rock que sirvió de reverso experimental y patafísico a la receta psicodélica con vocación de llenar estadios de Pink Floyd en el agitado Londres de finales de los años sesenta.

DAVID JOHANSSEN

(THE NEW YORK DOLLS)

The New York Dolls. Su estilo musical de costura gruesa y descuidada pero saturado de energía marcó la ruta para muchos grupos de rock posteriores y apadrinaron lo que vendría después: el punk. El grupo se fundó en Nueva York en 1971 con David Johansen en la voz y composición, Johnny Thunders en la guitarra líder, Rick Rivetts (sustituido por Sylvain Sylvain al poco tiempo) en la rítmica, Arthur Kane en el bajo y Bill Murcia en la batería.

Les costó trabajo encontrar una disquera debido a su vulgar y exagerado travestismo.  En 1972 fueron teloneros de Rod Stewart en una gira por Inglaterra, sin éxito. Sin embargo, la crítica los trató como producto original. Su sagaz hard rock, elucubrado como una celebración entre el camp y el kitsch cautivó por su actitud amenazadora y malévola, pero no hubo repercusión comercial. David Johanssen murió el 28 de febrero del 2025.

A todos ellos: ¡GRACIAS!

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