772. Los Sami: Su lucha y su canto

Por Sergio Monsalvo C.

La reciente escena musical escandinava se ha caracterizado por su gusto por la experimentación, al mezclar sus tradiciones étnicas con los sonidos del house y otros afines a la electrónica. Por ahí se encuentran grupos como Fjellheim, practicantes del género folklórico conocido como yoik (una forma de cantar cuentos) —quienes mezclan esta forma de cultura acompañada de dos bateristas y una guitarra de estilo metalero—.

Está también el grupo sueco Transjoik, que combina el yoik y sus canciones antiguas con el jazz avant-garde semejante al que toca Jan Garbarek. Por igual, forma parte del movimiento el trío Triptyk, representante del folk sueco, el cual agrega a sus interpretaciones sábanas de sonidos ambient. Tal trío está formado por Jonas Knuttson (voz y teclados), Ola Bäckstrom (violín) y Johan Hedin (con un instrumento tradicional conocido como nyckelharpa).

El Tämmel Quartet, por su parte, trabaja con composiciones eclécticas —tanto añejas como contemporáneas— en el disco Music in Darkness, y la orquesta de cámara The Nàu Ensemble transporta canciones del grupo inglés de culto Joy Division al siglo XVII de las tierras nórdicas.

Asimismo, son varias las pequeñas compañías discográficas escandinavas que están trabajando con este amplio espectro del folk, pop y electrónica avanzada, entre ellas Atrium y el sello finlandés Innovator Series, a las cuales distribuyen algunas compañías trasnacionales.

De este último sello su estrella principal es Angelit, un grupo de cantantes femeninas antes conocidas como las Girls of Angeli, originarias del pueblo de Angeli en el norte de Finlandia, donde toda la población habla el dialecto sami. Constituye la minoría más pequeña de Finlandia y vive disperso sobre una vasta área del norte del país.

A la generalidad de las personas les parece extraño que existan pueblos con piel blanca y que sean reconocidos como pueblos indígenas en sus propios países, como sucede con las naciones ubicadas en el norte de Europa. En Escandinavia, pare ser más preciso. Entre Noruega, Suecia y Finlandia, el pueblo sami, conocido como los “indios blancos”, está luchando desde hace mucho tiempo por mantener y proteger su cultura y su derecho de ser una etnia diferente, con todo lo que ello implica.

La historia sami empezó a calar en la cultura popular hace no mucho a través del cine y la literatura, en donde se han denunciado los abusos cometidos contra ellos, su cultura y sus tradiciones, han ganado visibilidad a la vez que su lucha adquiere una dimensión global. El cine ha aportado las cintas Frozen, Klauz, Ellos Eatnu La Elva Leve (Dejar que el río fluya) y Stöld (Robo), entre ellas.

Así quedó de manifiesto lo que acontece alrededor de este pueblo nómada, que vive de la pesca y de la caza y el pastoreo de renos. Su relato histórico está salpicado de violencia y racismo. Desde el siglo XIV, la Corona sueca envió colonos cristianos para asegurar el control de estas grandes extensiones de territorio y explotar sus recursos naturales.

Hoy, sus rebaños son todavía percibidos como un obstáculo a la creciente explotación de los recursos mineros, hidráulicos y madereros de la zona.

Su población no es fácil de medir, pero se calcula que hay entre 60 y 80 mil integrantes. Se le reconoce como una colectividad unida y organizada. Sin embargo, existen ciertas variaciones internas en cuanto a idiomas, trajes tradicionales, conocimientos artesanales, etcétera.

Conviene recordar que Escandinavia nunca ha sido el territorio étnica y culturalmente homogéneo que se suele imaginar. Mientras el sur de la península fue poblado por pueblos de origen germánico, a las zonas nórdicas llegaron pueblos de tradición seminómada desde las estepas rusas.

Y si de trazar un simil se trata, se puede decir que los indígenas americanos, sobre todo del norte de los Estados Unidos y el sur de Canadá, tienen bastante en común con el pueblo sami. También le brindan sus cantos a la naturaleza. Ellos no cantan sobre las montañas o la nieve, sino desde el corazón y el espíritu de las montañas y la nieve.

Para los sami la naturaleza no es un objeto. En esas tierras septentrionales el hombre sigue sujeto a ella. Eso es lo que saben y han aprendido los intérpretes del yoik, quienes utilizan la técnica arcaica de dicho canto. Cuando quieren transformar los sonidos, agitan los brazos y se oprimen el pecho, su respiración se acelera y el sonido de su voz cambia, produciendo algo extraordinario.

El grupo Angelit, formado en 1982, gira en torno a dos hermanas: Ursula y Tuuni Länsman. En 1992 sacó su primer álbum comercial, Dolla (fuego), seguido en 1993 por Giitu (gracias) y en 1995 por Skeaikit (risa). En 1997, el sello Innovator lanzó una antología de piezas extraídas de estas producciones, The New Voice of North.

El cuarto álbum del conjunto, Mánnu (la Luna), de 1999, fue el primero que grabaron para una compañía internacional (Warner) y por mucho el más sofisticado. Angelit también ha participado en los dos álbumes del grupo de heavy metal Waltari, So Fine y Big Bang.

Para las personas ajenas a la cultura sami, ésta con frecuencia parece chamanística, impresión que se refleja en la música de Angelit. El trabajo de éste se basa en la técnica del yoik, pero también sus integrantes aportan enfoques frescos a la misma.

Al inicio de su carrera presentaban yoiks tradicionales y canciones compuestas y/o arregladas por ellas mismas, pero en 1997, cuando cambiaron su nombre a Angelit, empezaron a incluir ritmos electrónicos, loops, paisajes sonoros ambient y repeticiones, a fin de evitar que su música fuera demasiado «étnica» o «folk».

Sus raíces aún se encuentran en la música popular, pero los tiempos están cambiando y el nuevo enfoque ha puesto su música al alcance de otros públicos en festivales internacionales de música folk y de rock, así como en clubes house de toda Finlandia. También han colaborado con grupos como KLF.

Las hermanas Länsman (que han salido incluso retratadas en las páginas de la prestigiada revista National Geographic) emplearon los servicios del mago finlandés de las computadoras Kimmo Kajasto para la programación, así como músicos adicionales en las guitarras eléctricas y en el manejo de las cajas de ritmos.

De esta manera el grupo adoptó los elementos de la cultura musical de las grandes urbes y los agregaron a una antigua tradición. Con tal hecho acercaron la música de Angelit a la categoría del world beat y del house.

Una aparición de Angelit en el escenario resulta animada e invita al movimiento. Sin embargo, las canciones yoik conservan sus tradicionales puntos ásperos, sus referencias y abundantes emociones primarias. Los elementos modernos agregados a una tradición antigua han acercado su música a la categoría del pop exótico y no es descabellado compararlas con pioneros de la yoik ambient como Mari Boine, Wimme y Ulla Pirttijärui.

En Mánnu, su álbum más reciente, continúan su exploración multifacética y extensión de las fronteras musicales, inspirándose en la gran tradición de los «indios europeos» y renovándola con los más variados elementos.

Discografía mínima:

Dolla (Innovator, 1992), Glitu (Innovator, 1993), Skeakit (Innovator, 1995), The New Voice of North (Innovator, 1997), Mánnu (Warner, 1999).

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