762. The Rolling Stones (Mejores discos-XI)

Por Sergio Monsalvo C.

El blues ha mostrado tener muchas vidas desde que apareció grabado allá por principios del siglo XX. Han sido muchas sus revisitaciones en diversas olas a través del tiempo. En los años ochenta, por ejemplo, fue retomado en varios frentes: uno de ellos, el maestro y sus discípulos, fue con el álbum The Healer (de 1989) de John Lee Hooker, en el que pidieron colaborar Santana, Bonnie Raitt, George Thorogood y Los Lobos, entre otros. Se convirtió en un éxito, artístico y de ventas.

Otro frente corrió a cargo de B.B. King, al cual algunos consideran el guitarrista más influyente del siglo XX. Su ascenso significó una larga y tenaz lucha. Hasta mediados de los sesenta tocó en forma exclusiva para públicos negros, aunque ya lo conocían los guitarristas blancos.

Influyó en igual medida en los más importantes: Clapton, Beck, Peter Green, Mick Taylor, Johnny Winter, y en sus homólogos contemporáneos como los hermanos Vaughan, Jimmy (de los Fabulous Thunderbirds) y el desaparecido y genial Stevie Ray, así como el fallecido Jeff Healey y el grupo U2.

Otra celebración generacional para el blues continuó cuando Albert King aceptó una oferta para grabar con el heavymetalero Gary Moore en el álbum Still Got the Blues (1990). Eric Clapton, por su parte, prosiguió con la empresa iniciada hace casi sesenta años, con su homenaje a Robert Johnson y colaboración con B. B. King e invitaciones a Buddy Guy para que tocara con él en algunos conciertos.

Entre las muchas revisitaciones a que de manera regular convida la industria disquera, el del blues es quizá el que tiene mayor sentido. La historia del rock y del jazz comenzó con el blues, al fin y al cabo. Sanear el ambiente desde la composición hasta las listas de éxitos, a fin de investigar en las raíces fundamentales de esta música, no es de ninguna forma una mala idea.

Asimismo, con los álbumes realizados por Ben Harper y Charlie Musselwhite comenzó la siguiente ola de tal movimiento entrado ya el siglo XXI. Sólo que ahora a la inversa y con un punto de vista diferente. El músico joven negro compartiendo créditos con el viejo bluesman blanco. Ambos enseñaron que, además de constituirse en un binomio musical formidable, representaban la alianza y simbiosis del blues entre dos apasionados musicales de generaciones distintas. La mancuerna, pues, manifestó tener un pie en la tradición y otro en la actualidad.

Musselwhite, asumió el hecho con una perspectiva histórica: “El blues es una comunidad, una filosofía vital que condujo los relatos de todo un país en construcción. Es un sentimiento y, como tal, es una música que se ha hecho universal. Nuestro propósito en estos discos se basó fundamentalmente en mantenernos fieles a ese propósito sentimental”, ha comentado el armoniquista, mientras que Harper ha sentenciado que “el blues es una celebración continua en el tiempo”,

Entre otros jóvenes músicos negros subidos a esta ola están Eric Steckel, que ha tocado con John Mayall; Davy Knowles con Mark Knopfler y Joe Satriani; Tyler Bryant con ZZ top, o Jared James Nichols, quien lo ha hecho con Joe Bonamassa y Leslie West, por ejemplo.

Como parte de todo ello ha estado también la recopilación de versiones que le dedicaron los bluesmen negros a los Rolling Stones en un disco llamado Paint It Blue. ¿Por qué no? Antaño lo hicieron Ottis Redding e Ike and Tina Turner.

Los Stones, en efecto, el más representativo grupo de rock del mundo desde hace más de medio siglo, siempre han estado comprometidos con sus orígenes (en esencia se puede decir que para estos ingleses su cuna fue Memphis, la rítmica negra su partera, el Mississippi su cordón umbilical y Chicago su centro neurálgico).

Siempre han celebrado sus propias fuentes al respecto: desde el uso de tambores africanos al inicio de sus conciertos (el de Hyde Park es un ejemplo de ello) hasta sus cóvers de los clásicos del blues, r&b y soul para un público masivo (tocaron como proclama propia un tema de Robert Johnson como “Love in Vain”: cuando la grabaron ya tenían bien aprendidas las lecciones del reverenciado músico).

Pero igualmente remontándose en el tiempo hasta el seguimiento de su historia como grupo. Al escoger su nombre, por ejemplo, surgido de un tema de Muddy Waters, y con una peregrinación a Chicago, durante su primera gira por los Estados Unidos, para visitar el templo sagrado del blues y del r&b: los estudios Chess Records. Más en concreto, con el espíritu de tales fuentes en los mejores discos de su carrera.

El ritmo negro los unió y sus mitos cimentaron y sirvieron de nutrientes para su transición musical, única y original, como rockeros. Por ello, tras seis décadas de existencia su repertorio lo ha abarcado.

En sus comienzos los Stones se entregaban por entero al papel de evangelistas de sus ídolos. Sus presentaciones en vivo se alimentaban de manera casi exclusiva del blues de Chicago, los clásicos de Chuck Berry, el r&b y el temprano soul, al que además del agregaron su entusiasmo e ingenio.

Dieron a conocer a Howlin’ Wolf a los fanáticos del rock, participaron con él en un disco histórico en las London Sessions, y desde entonces han mostrado su solidaridad con aquellos músicos invitándolos como teloneros a sus conciertos, y han grabado discos enteros dedicados al género.

Y una cosa más ha distinguido a los Stones: de forma intuitiva adecuaron a sus modelos. Tradujeron las canciones ajenas a su propio vocabulario y tamizaron la cultura negra estadounidense. Esa música ruda y llena de energía ejerció una atracción innegable sobre el público desde entonces.

Finalmente, muchos bluesmen negros reconocieron el andar Stone, y con el álbum Paint It Blue se enlistaron en el nexo cultural que se concatena época tras época en beneficio de tal música. Participan en él, con un puñado de temas, Luther Allison (“You Can’t Always get What You Want”), Johnny Copeland (“Tumblin’ Dice”), Taj Mahal y James Cotton (“Honky Tonk Women”), Lucky Peterson (“Under My Thumb”), Wendell Holmes (“Beast of Burden”), Bobby Womack (“It’s All Over”), Joe Louis Walker (“Heart of Stone”), Junior Wells (“Satisfaction”), entre otros.

Todos ellos retoman las temáticas, al igual que el sonido áspero de lo Stones. Hay un manifiesto estético implícito con respecto al blues (el que los unió, el que los instaló en la escena musical, el que los llevó al éxito y en el que vertieron toda su experiencia genérica).

En el disco hay el reconocimiento por el amor a las raíces y el respeto por los hacedores negros. Todo ello demuestra la constante convivencia de jóvenes y veteranos a lo largo de una historia, sin importar el color, en donde se encuentran con el conocimiento profundo de la materia que los une por siempre.

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