Por SERGIO MONSALVO C.

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El avance de las ideas que se aplican a la creatividad de las nuevas músicas del siglo XXI llega a través de la necesidad por la experimentación, por la curiosidad por plantear preguntas genuinas e interesantes y la tosudez artística para responderlas. Para hacerlo se requiere de ser seriamente creativo y no adaptarse a aquella acomodaticia plegaria por un mundo que sea lineal y estable. Porque todo él no lo es. Incluso está más fragmentado que nunca.

La experimentación forma parte de todas las culturas humanas. Sin ella, la humanidad no sería como es ni lo que es. Si hoy mismo algo la paralizara, una gran parte del mundo quedaría detenida y los habitantes del planeta se sentirían descentrados. Es más, si ese algo le restara a las personas la capacidad de crear, la especie dejaría de ser lo que es. La historia está ligada desde su mismo comienzo a la capacidad de imaginar, diseñar y construir.

Las revoluciones se dan tanto en el ámbito político como en el artístico. La única diferencia es que las revoluciones políticas sólo cambian las cosas por un tiempo antes de que todo vuelva a su estado original, mientras que las artísticas modifican el lenguaje dentro del cual se desarrollan, de tal manera que no es posible dar marcha atrás. El expresionismo, el existencialismo, el rock y el jazz, cuatro manifestaciones genuinas del siglo XX, transformaron de manera duradera el mundo del arte.

El trompetista noruego Nils Petter Molvaer desencadenó una revolución musical con la fusión del jazz con la electrónica, con ello contribuyó de manera decisiva a divulgar experimentos revolucionarios en este sentido. Por algo le puso Khmer a su grupo. “La intención de cada revolución artística deber ser ésa como principio básico”, dijo Molvaer para explicar la suya.

En la actualidad la música propicia cambios constantes, las fronteras entre las categorías artísticas se borran una y otra vez. Por lo tanto, para el músico noruego el elemento distintivo para el jazz que interpreta es el de la improvisación. En su forma musical permite que todas sus experiencias se fundan de manera automática y las pasa por el filtro de lo que quiere escuchar realmente.

Se puede decir entonces que Molvaer vive y muere por su arte. Tiene ideas estéticas claras y con mano certera elige a sus colaboradores. Además de los integrantes del Khmer original: Elvin Aarset (guitarras e instrumentos electrónicos), Audun Erlien (bajo), Per Lindvall (batería y percusión), DJ Strangefruit (vinil), Reidar Skar (vocoder) y Sidsel Endresen (voz), ha añadido al guitarrista berlinés Martin Koller, al pionero neoyorkino del drum’n’bass DJ Soul Slinger y al hipertalentoso productor Bill Laswell. Todos artistas que han complementado su lenguaje y le han aportado otros universos. Ahora, al fin de la segunda década del siglo XXI les ha tocado a Sly & Robbie hacer lo propio.

Nils Petter Molvaer nació en Sula, Noruega, en 1960. Su padre fue un músico de renombre en su país y quien lo introdujo al estudio de esa disciplina desde muy joven. De esta forma aprendió a tocar el bajo, la batería y los teclados, aunque al final optó por la trompeta como su instrumento principal.

Realizó estudios en el Conservatorio con mucho éxito, pero después de dos años tenía tal demanda de trabajo que decidió abandonarlos y tocar para diversos grupos. En 1983 se integró al Jazzpunkensemble y al grupo Masqualero. Años después formó parte del catálogo del sello ECM y colaboró en discos de Robin Schulkowsky, Marilyn Mazur y el Sidsel Endersen Group. En 1993 proyectó el concepto del grupo Khmer junto al productor Ulf Holand, con el cual grabó los discos Khmer (1998) y Solid Ether (2000).

Sus influencias resultan evidentes: los trompetistas Miles Davis, Jon Hassell  y Don Cherry, pero también artistas como Billie Holiday, Brian Eno, Joni Mitchell y el mencionado productor Bill Laswell. Y fue a este último a quien Molvaer recurrió para remezclar sus composiciones del disco Solid Ether en el álbum Recoloured-The Remix Album, con el que integró tal herramienta (el remix) a su sonido.

Molvaer debutó como solista con el disco Khmer (1998) y resultó el primer encuentro con una forma muy particular de combinar y mezclar el sonido de su trompeta con sus semejantes trabajados en computadora, beats de ambient y ritmos de drum’n’bass. El sucesor de aquél, Solid Ether (2000), representó una obra llena de paradojas y ondulaciones, con piezas soñadoras de las que el escucha no se cansa.

Con su tercer CD, Recoloured (2001), demostró que también es un hábil estratega, pues sabe perfectamente que los remixes alcanzan a un público mucho más amplio del que pudiera atraer con un concepto que descansara de manera exclusiva en el dualismo típico del jazz: las grabaciones de estudio y las presentaciones en vivo. Los remixes del álbum (extraídos del disco Solid Ether), realizados por connotados productores y DJ’s como la Cinematic Orchestra, Pascal Gabriel, Herbert We, Jan Bang, Underlying Love, Deathprod, Tee Bee o el mismo Laswell, entre otros, le otorgaron distinta dimensión a piezas tales como “Merciful”, “Solid Ether”, “Wilderness” o “Dead Indeed”.

A manera de resumen, se puede decir que Molvaer ha utilizado en su creación las piezas sonoras que identifican hasta ahora al siglo XXI (jazz electrónico, remix, house, del jungle, del drum’n’bass…). Todos elementos surgidos de la cultura musical europea contemporánea. Así que para su nueva obra optó por experimentar con la diáspora, con otro tipo de plataforma, creada en costas lejanas y climáticas distintas, pero que ha estado presente también en el desarrollo de la actualidad: el dub.

El dub es uno de los soportes más importantes con ese desarrollo. Lo que inició como una corriente local jamaicana se ha extendido por doquier, lo mismo en el continente europeo que en África o Japón, aunque Kingston es su capital más sobresaliente. Su influencia sobre la música popular del mundo es innegable. Todo grupo involucrado con los sonidos actuales requiere de una versión dub en los acetatos de 12 y 7 pulgadas o en el lanzamiento de sus sencillos (singles).

De esta manera la original portación de King Tubby fundó una nueva corriente, que con el paso del tiempo se convirtió en subgénero. el dub fragmentó el ritmo del bajo en patrones breves de notas (en oposición al ska), le aumentó el volumen y lo instauró además como el instrumento principal, además de emplear los retardos electrónicos o eliminar algunos compases de la guitarra. A partir de ahí el fenómeno experimentó un crecimiento insospechado en el mundo entero y año con año aparecen generaciones de ellos en diversas modalidades.

El movimiento se convirtió en género cuando trascendió la isla gracias a Sly Dunban (batería) y Robbie Shakespeare (bajo), una dupla rítmica que elevó desde los años setenta el uso del dub a la calidad de ciencia sonora. De esta manera llegó a las calles de las principales urbes del planeta; cuando el hip hop mostró su influencia en los dub plates (discos donde se efectúa un remix); cuando se volvió hacia las raíces rítmicas africanas como las de los tambores burru, etu, pocomania y kumina, al igual que hacia la tecnología más avanzada como el teclado digital y la máquina de ritmos, todo mezclado.

Dub es un término proveniente del idioma inglés que originalmente (entre lo siglos XVII y XIX) significaba abrir o ampliar algo. En la actualidad en el aspecto musical, aunque se ha extendido al literario con su poética,  implica agregar a la voz principal toda clase de elementos ambientales, para crear una atmósfera determinada. Su sonido se caracteriza, por su atmósfera distendida, a la que le agregan variadas dimensiones del ritmo.

Esta sección rítmica, la más arrolladora y productiva del subgénero (invitada a cientos de grabaciones y como solistas, de la cual se calcula que ha producido o tocado en 200.000 canciones), acudió al llamado de uno de los grandes pioneros escandinavos del electrojazz, y junto a Molvaer unieron esfuerzos en uno de los experimentos más inspiradores y trepidantes de los últimos años, para crear Nordub (título y movimiento: dub nórdico).

Estos tres personajes históricos de la música hacen ciencia con el dub, eliminan las fronteras entre éste y la electrónica en colaboración con otros dos protagonistas nórdicos (el legendario guitarrista Eivind Aarset y el ilusionista sonoro finlandés Vladislav Delay) en una trascendente exploración que demuestra lo ilusorio de las divisiones genéricas, geográficas y hasta culturales en nuestra época, donde se tienen conexiones muy especiales. Un proyecto que dejará huella.

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