HECTOR ZAZOU

ESCULTOR DE SONORIDADES

por SERGIO MONSALVO C.

 

Pierre Job llevó al extremo el concepto de la discreción. Y siempre la aplicó sobre sí mismo. Tanto así, que se buscó un alias como artista. Eligió el de Hector Zazou. Uno que tenía historia, profundidad y señalaba un estilo: la exploración y creación de un mundo propio, particular y único, enfrentado a la realidad inmediata.

El apellido Zazou se lo aplicó como forma de tributar tal antecedente: el movimiento contracultural con dicho nombre. Durante la ocupación alemana de Francia el regimen profrascista de Vichy, en colaboración con los nazis, impuso una moral ultra-conservadora que se reflejó en su legislación, dificultando todo cuanto pudiera servir a los jóvenes para demostrar inquietudes o desencanto ante el momento vivido.

Esta subcultura expresaba la individualidad enfrentada a los valores fascitas que les estaban imponiendo, como el patriotismo, la ética laboral del Estado, el auto-sacrificio, la austeridad, la disciplina física como reflejo de la masculinidad.

Estos jóvenes zazous expresaron su resistencia y disconformidad mediante la escucha del jazz (bebop) y el swing, con concursos de baile y otras manifestaciones dirigidas contra el gobierno y las fuerzas de ocupación (como el uso de ropa estilo pachuco y el pelo largo).

El término zazou provino de un par de canciones de swing, muy de moda por aquel entonces, en las que se repetía el estrillido de monosílabos como “Zah Zuh Zah”. Los zazous se convirtieron en el enemigo número uno de las organizaciones juveniles fascistas (y no sólo de éstas, también se hicieron sospechosos ante la Resistencia Comunista oficial por su carácter apático y porque cuestionaban toda clase de guerras).

Pronto comenzaron la represión violenta y las redadas contra ellos. Ningún bando beligerante aceptaba cuestionamientos sobre sus acciones o pensamiento. Exijían a rajatabla la eliminación de cualquier forma de individualismo o exploración de caminos sociales diferentes. Situación que, a pesar de aquella conflagración internacional, sigue manifestándose en el mundo.

Por fortuna aún existen los exploradores en este sentido. Pero, ¿aún hay algo que explorar en una Tierra coptada por completo por MTV o las campañas publicitarias contemporáneas, que buscan fabricar tanto la oferta como la demanda; es decir, el producto y el público, al que el gusto cultural se le impone y repite insaciablemente, hasta ser aceptado de manera homogénea?

La respuesta es afirmativa. Y si el mainstream alardea de que ya no hay rincones por descubrir, la cultura independiente, la intangible, los tiene y de sobra para imaginaciones emprendedoras.

Los aventureros en tal sentido pueden ser músicos veteranos, por ejemplo, con mochilas llenas de sapiencias. Inglaterra cuenta con Peter Gabriel; la Unión Americana con David Byrne; Alemania se jacta de sus Dissidenten, y Francia tuvo a su propia eminencia gris: Hector Zazou. Todos artistas; todos con más de medio siglo de vida. Sin embargo, no todos son conocidos. Zazou el menos, a pesar de su extensa e impresionante obra.

Hector Zazou fue originario de Argel (de Sidi-bel-Abbès), cuando era colonia del país galo, donde nació en 1948 o 1949 (sus datos y biografía básica, hasta la hechura de su primera grabación, son inciertos y se les ha mantenido así debido a un principio inamovible de discreción, propiciando con ello un tejido de leyendas y la unción al status de misterioso músico de culto).

Y a pesar de haber mostrado su trabajo a nivel masivo en determinado momento —¿qué mayor acontecimiento en esta dirección que un Campeonato Mundial de Futbol?, el de 1998, dentro del cual fue comisionado para escribir las piezas para el ensamble de cuerdas que abrió las festividades de dicho evento, interpretado por el Balanescu Quartet—, su nombre continuó asentado firmemente en los terrenos de la independencia alternativa.

En estricto sentido, Hector Zazou fue uno de esos artistas a los que sí se les puede aplicar con justeza el epíteto de “alternativo”.

La línea de su horizonte fue aquella a partir de la cual algo distinto empieza a manifestar su esencia. Nuevos sonidos, nuevas voces, diferentes lenguajes que están inscritos más allá de lo consabido.

En tan extenso terruño es precisamente donde surgen, trabajan y crean los «imaginativos». En el sentido musical de manera específica los alternativos son aquellos que buscan, que exploran, que descubren otros modos, diversas formas de la experiencia artística.

El campo de acción de Zazou no tiene fronteras ni límites su capacidad innovadora. Con un somero recuento curricular es posible darse una idea de ello.

Comenzó su andar en el significativo año de 1968, en París, haciendo rock contestatario con el grupo Barricades; siguió el periodo experimentalista con ZNR; el de la fusión electrónica con la tradición africana con Bikaye; los proyectos conceptuales entre el pop, el rock, el world beat y.

La estafeta de la vanguardia la tomó junto a colaboradores multinacionales (de Ryuichi Sakamoto a Manu Dibango, pasando por John Hassell); hizo tributos poéticos (el drama y la ludicidad de la palabra rimbaudiana al lado de actores y músicos como John Cale, Gerard Depardieu, David Sylvian o Dead can Dance).

Igualmente se adentró en el diseño de atmósferas y modelaje ambient (con Björk y Suzanne Vega); en evocaciones vocales (inspirado en el canto de monjes irlandeses), así como en la exploración etnoacústica (que reunió a gente como Laurie Anderson, Jane Birkin y Lisa Germano).

En su largo listado de disciplinas se incluyen además los usos de la imagen y la danza: fotografía, cine, performance y pintura, en mezcla con sonidos que van de lo sinfónico a la capella; de lo orgánico primitivo a la tecnología de punta.

Quienes intentaron hablar con él o cuestionarlo sobre nacionalismos, identidades, especializaciones, géneros o antiglobalizaciones fueron rechazados abiertamente y durante trasmisiones en vivo (incluyendo a presentadores de TV, colegas o periodistas) por su necedad y postura reaccionaria.

Para Zazou, los beneficios de la mundialización, a nivel cultural, habían sido muchos y por demás variados. En primera instancia habían convertido a los interesados en aprendices eternos, en buscadores de las diferencias con las cuales enriquecer los acervos personales.

“Los fundamentalistas de Oriente y Occidente lo que buscan es implantar el oscurantismo con sus restricciones, censuras y exacerbaciones chovinistas —dijo en su momento—. Lo que han conseguido es generar la difusión dogmática de una información basura a la que hacen pasar como ‘lo nuestro’ de cada lugar y a convenciencia de los intereses políticos del momento, y con ello borran todo tipo de valores eticos y estéticos. Ahí es donde se encuentra lo peligroso, no en los mestizajes”.

El intercambio de las diferencias, el uso discrecional de sus elementos, son las claves con las que trabajó este compositor, cantante, músico y productor francés al que se le asignaron un sinúmero de calificativos a lo largo de sus más de tres décadas de carrera: imprevisible, mago de lo etéreo, inclasificable, raro, inesperado, inspirado narrador de historias humanas y férricas, creador obsesivo…

(Para ilustrar el último calificativo está el álbum Strong Currents, del 2003, que le llevó seis años terminar, o la hechura del soundtrack para La Pasión de Jeanne D’Arc, de Dreyer, hasta dar con el sonido preciso que pensaba había en la cabeza del personaje, por ejemplo)…

Todas las etiquetas le cuadraron, todas lo definieron, pero también todas se quedaron cortas, puesto que Zazou siempre estuvo situado fuera de territorios conocidos, geográficos, donde la estética, ilimitada, vive sólo bajo la influencia de la imaginación.

A Hector Zazou de esta manera su sola firma le bastó para legitimar una obra de arte en el más puro sentido de la palabra, hasta su muerte el 8 de septiembre del 2008 y aún después, con grabaciones póstumas

Discografía elemental:  Barricades 3, Mr. Manager, Sahara Blue, Out of Tuva, Chansons des mers froides, Glyph, Lights in the Dark, Las vegas is Cursed, Alfabet, L’Absence, Strong CurrentsQuadri/Chomies.

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